Jugando con la cola de un dragón durmiente.

miércoles, 1 de enero de 2014

Laboratorio Nacional de Los Álamos (Nuevo México). Noche del 21 de agosto de 1945.

Harry Daghlian se secó el sudor frío de la frente. Sabía que no debía estar en el laboratorio a esas horas de la noche, pero aun así estaba a punto de entrar. Todavía tenía que darle esquinazo a Robert J. Hemmerly, el guardia de seguridad que vigilaba el material fisible.

-Hola ―dijo Harry, sin dejar de caminar.
-Hola, Harry ―contestó el guardia sentado de cara a la pared, volviendo la vista al periódico. 

Y entró al laboratorio.

Había nacido 24 años atrás, hijo de una pareja de ascendencia armenia que decidió irse a vivir a la pequeña ciudad costera de New London. Una infancia llena de logros académicos habían hecho que Harry no tuviera ningún impedimento en dedicarse a lo que realmente le gustaba, que resultó ser la física. Acabó estudiando en la Universidad de Purdue, donde no casualmente Robert Oppenheimer había estado reclutando científicos para trabajar en el proyecto Manhattan. Tres investigadores de la universidad partieron hacia Los Álamos. El joven Daghlian no tardaría mucho en hacerlo, también.

 Sabía que no debía trabajar sólo, y menos aún a esas horas de la noche. Sabía que con ello estaba violando las normas de seguridad. Y sin embargo, allí se encontraba ahora, entre dos mesas que no dejaban demasiada libertad. Ante él yacía una insulsa esfera metálica de algo más de seis kilogramos, la que posteriormente se conocería como el núcleo del demonio. Una esfera maciza de plutonio radiactivo que más tarde formaría parte de una bomba.

Ya había repetido el experimento otras dos veces ese día. El objetivo era colocar bloques de carburo de tungsteno alrededor de la esfera, que reflejarían los neutrones producidos de forma natural por el plutonio-239, comenzando a producir así una reacción en cadena. El motivo de todo esto era que el material disponible para fisión era escaso, y se estaban investigando métodos para hacer que cantidades relativamente pequeñas fueran suficientes para alcanzar el punto crítico. O dicho con otras palabras, para fabricar una bomba.

Poco sospechaba el joven físico que la esfera que tenía ante sí estaba a punto de matarlo.


Estaba repitiendo el mismo experimento que había repetido ya dos veces ese día. Tenía que repetirlo, pues debía encontrar un tamaño de los bloques tal que pudieran formar un cubo completo alrededor de la esfera.

Apiló las cuatro primeras capas con habilidad. A partir de ese punto, debía ir con cuidado. Comenzó a colocar bloques hasta que la quinta capa estaba mediada. Los instrumentos de detección de radiación emitían pequeños clics, cada vez más frecuentes, indicando que la reacción estaba a punto de tener lugar. Cuando Daghlian estaba a punto de colocar otro bloque más en el centro de la capa, la mano le tembló. A pesar de un intento desesperado por evitarlo, la pieza de carburo de tungsteno cayó justo sobre el núcleo.

La reacción se había desencadenado.


Una ráfaga de calor, acompañada de una pálida luz azul, bañó la mano del científico. Aunque sintió un leve cosquilleo, se apresuró a desmontar la estructura víctima de una mezcla de pánico, vergüenza y preocupación.  Hemmerly estaba a apenas cuatro metros. Los pitidos de los instrumentos, el ruido que producía el traqueteo de los bloques y la suave luz azulada que emanaba de la esfera llamaron su atención. El joven Daghlian, alto y robusto, estaba de pie con los brazos medio extendidos, intentando colocarlo todo como al principio. Pero ya era tarde.

Daghlian recibió, en los pocos segundos que duró el accidente, una cantidad ingente de radiación gamma, así como los impactos de billones de neutrones. Sabía que estaba perdido. Murió a los veintiún días, mientras dejaba que su caso fuese investigado para comprender mejor los efectos de la radiación sobre humanos.

Aunque la mayoría de las fotos se encuentran clasificadas, hay una que se hizo pública. La mano de Harry Daghlian (mientras se encontraba bajo cuidado médico) puede observarse en la imagen de arriba.

En cuanto a Hemmerly, moriría 33 años después a causa de una leucemia relacionada con la exposición a la radiación. Y a esa esfera de plutonio... bueno, aún le quedaba mucha guerra que dar.



Habían pasado exactamente nueve meses desde que Daghlian recibiese la dosis de radiación que acabó con su vida. El 21 de mayo de 1946, a las 3:20 de la tarde, Louis Slotin y otros siete científicos estaban realizando un experimento, semejante al de Daghlian en cuanto a su planteamiento. Slotin había sido, al igual que Daghlian, un estudiante excelente. Había entrado en la universidad a los 16 años, sobresaliendo tanto en Física como en Química. A estas alturas, cansado de la vida en Los Álamos, decidió que quería retirarse para dedicar su tiempo a otros menesteres más alejados del ámbito militar. Así que estaba enseñándole el laboratorio al que sería su sustituto, el joven Alvin Graves.

El experiemento que realizaron esa tarde era, como hemos dicho, semejante al de Daghlian. En lugar de bloques de carburo de tungsteno, Slotin y su equipo usaban semiesferas de berilio. La mole de plutonio estaba dentro de una de las semiesferas. Al dejar caer la otra semiesfera sobre la masa de plutonio, la misma reacción que mató a Daghlian tendría lugar.

Slotin (no se sabe si por diversión o parar enseñar al resto), solía dejar caer la semiesfera sobre el núcleo radiactivo hasta que los detectores de radiación ionizante indicaban que la reacción era inminente. Saltándose todas las reglas de seguridad, el único instrumento que utilizaba era un destornillador de cabeza plana, con el que separaba las dos semiesferas de berilio. El mismísimo Enrico Fermi había advertido a Slotin en varias ocasiones que, si seguía repitiendo el experimento, "estaría muerto en menos de un año".


Ignorando el consejo de Fermi, Slotin cogió el destornillador una vez más. Y como siempre, dejó caer lentamente la semiesfera de berilio, mientras otro compañero leía en voz alta las mediciones del detector de radiación. Pero esta vez no salió como él quería.

Fue un temblor el que acabó con la vida de Slotin. El destornillador resbaló, y la pieza metálica cayó sobre la esfera de plutonio. La misma luz azul, el mismo calor, y el mismo cosquilleo que hacía nueve meses. Slotin reaccionó rápidamente, lanzando la esfera reflectora al suelo. Y como ya os imagináis, era demasiado tarde.

Slotin ordenó a los presentes que se quedasen en el suelo, lo más cerca posible de la superficie, sin moverse. Distribuyó tizas a todo el mundo, para marcar en lugar en el que habían estado.Y tras trazar siete marcas en el suelo, los ocho científicos salieron de la habitación. Slotin vomitó inmediatamete y fue conducido a un hospital, donde se descubrió que había sufrido terribles daños internos.



Louis Slotin murió a los nueve días. Graves (el científico que lo iba a reemplazar) y otro técnico llamado Young, sufrieron una intoxicación aguda por la exposición a la radiación, aunque llegarían a recuperarse. Las cosas cambiaron mucho en los años siguientes. Uno de los presentes, Schreiber, diseñaría maquinaria de seguridad para llevar a cabo experimentos de masa crítica. Ningún científico volvió a sufrir daños en Los Álamos por exposición a la radiación.

Tal y como Feynman dijo más tarde, tanto Daghlian como Slotin habían estado jugando con la cola de un dragón durmiente.



La historia que he contado aquí relata los hechos acaecidos entre 1945 y 1946 en Los Álamos. Tanto Daghlian como Slotin fueron científicos reales (toda la información biográfica es real), y perdieron sus vidas mientras experimentaban con material radiactivo. A la infame esfera de plutonio de 6,2 kg se la dio a conocer con el nombre que aparece en el título, el núcleo del demonio. En algún momento llegó a considerarse que podía ser usado para fabricar una bomba que fuese lanzada en Japón, pero esta idea se desechó rápidamente. Al final, formó parte de una bomba de pruebas (Gilda) que fue lanzada el 1 de julio de 1946:



El lugar: el atolón de Bikini. No es casualidad que la serie de dibujos infantiles Bob Esponja tenga lugar en la ficticia ciudad submarina de Fondo de Bikini, por cierto. Los propios creadores de la serie admiten que es un guiño, y que la enorme cantidad de seres humanoides son producto de las detonaciones nucleares que ahí tuvieron lugar.

Y todo comenzó con aquella esfera de plutonio aparentemente inofensiva.

Fuentes

-Los Alamos and the Omega Site Accident [link]
-Daghlian Biography [link]
-The Manhattan Project's Fatal "Demon Core" [link]
-Wikipedia: Criticality accident [link]
-Wikipedia: Louis Slotin [link]
-Wikipedia: Demon core [link]
-Stranger Dimensions: The Demon Core [link]

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