Breve historia de un timo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Desde el blog, he decidido apoyar el movimiento #NoSinEvidencia copiando su manifiesto en una página del blog. También he puesto un banner a la derecha con enlaces a la página de #NoSinEvidencia y a esta entrada.

Hace unos días nos enteramos de que el Ministerio de Sanidad ha decidido regular unos 19.000 productos (me niego a llamarlos medicamentos) homeopáticos. Ya se podían comercializar antes, desde el año 1994, pero legalmente estaban en una situación un tanto incierta. Por ejemplo, no había garantía de que lo que se estaba comprando fuese un producto homeopático real (podía tratarse de un suplemento herbal etiquetado como homeopatía). Ahora, además de poder comprarse, este tipo de productos se pueden expedir y anunciar igual que los medicamentos tradicionales.



Las reacciones no tardaron en llegar, como era de esperar. Tras un esfuerzo continuado por parte de muchos informadores (como Luis Alfonso Gámez, @lagamez) por impedir que esta práctica pseudocientífica ganase fuerza, no es de extrañar que muchos se sintieran tan conmocionados al enterarse.

Pero, ¿qué es la homeopatía, y por qué hay tanta gente que no la tolera? Empecemos por lo básico.

La homeopatía (de la palabras griegas que significan "similar" y "enfermedad") es una práctica pseudocientífica. Esto es, no hay evidencia alguna que soporte lo que los homeópatas dicen. Hay dos ideas que ocupan una posición de especial importancia dentro de esta práctica, y que vamos a analizar aquí.


Primero, el principio de similitud. O dicho de otra forma: la misma sustancia que provoca un mal o enfermedad, es capaz de curarlo (si se suministra de forma adecuada). Empezamos mal. No hay evidencia alguna que sugiera que una misma sustancia o mezcla de sustancias pueda actuar a la vez de desencadenante y antídoto de un problema. Esta creencia tiene ya varios siglos de antigüedad, al menos. Samuel Hahnemann, un médico sajón nacido en el siglo XVIII, fue el que empezó todo este lío. Partió de una lógica que, en su momento, y con los conocimientos de la época, no parecía muy descabellada. Según él, "si una cantidad grande de un veneno hace que te sientas mal, una cantidad pequeña debe hacer que te sientas bien". A la derecha, una estatua en su honor, con la frase "similia similibus curentur" (lo similar puede ser curado con lo similar). Además, aseguraba que las enfermedades no tenían su origen en algo físico (como un veneno), sino en un desequilibrio en la fuerza vital.


Este concepto tan etéreo y abstracto sí que es más antiguo. En los albores de la química, y hasta principios del siglo XIX, se creía que las cosas vivas tenían una fuerza, algo etéreo, que las hacía diferentes de las cosas no vivas. El químico sueco Jacob Berzelius era un ferviente defensor de la teoría de la fuerza vital. Según él, una piedra estaría formada de un tipo de materia diferente a la que conforma la piel humana. Sin embargo, en 1828 el químico alemán y alumno de Berzelius, Friedrich Wöhler (a la izquierda) demostró que se podía obtener urea (una sustancia encontrada típicamente en organismos vivos) a partir de materia no viva. Concretamente, se podía obtener urea disolviendo cianato de amonio en agua caliente. Así es como el vitalismo, que es como se denominaba a la corriente que defendía la existencia de la fuerza vital, fue perdiendo fuerza hasta apagarse. Ahora se sabe que el carbono, el nitrógeno y el hidrógeno que, entre otros elementos, componen la materia viva, son los mismos que componen la materia no viva. No hay elementos propios de la vida y elementos propios de las cosas inertes, y es imposible determinar si un átomo ha formado parte de un ser vivo o no. Por el contrario, y en contra de lo que creía Hahnemann, los males tales como enfermedades, alergias y otros desajustes del organismo están formados por agentes físicos: una molécula, un virus, una bacteria...

Por tanto, el principio de similitud va en contra del método científico, ignorando la evidencia. Pero hay otra cosa que me llama más la atención que este principio. Se trata del denominado proceso de potenciación. Hablemos de él.

Los homeópatas creen que, como hemos dicho, un veneno puede servir para aliviar los efectos que él mismo produce. Sin embargo, como señalé antes, este veneno debe ser suministrado en forma adecuada. El proceso que utilizan para "adecuar" el veneno antes de su consumo se denomina potenciación. La potenciación consiste en diluir el veneno en agua, para después tomar una muestra de ese agua y diluirla, y después tomar una muestra y diluirla, y después...

En fin, ya os hacéis una idea. Se realizan una serie de diluciones sucesivas, de forma que cada vez queda menos sustancia original. Los homeópatas creen que lo importante no es la concentración de esa sustancia en el agua, sino el número de veces que se diluye. Sorprendente y contraintuitivamente, cuantas más diluciones, más potente se vuelve (según ellos) el producto. ¿El motivo? El agua tiene memoria. Sí, memoria. El agua es capaz de recordar la sustancia con la que entró en contacto, para después potenciar el efecto que esa sustancia surtía sobre el organismo. Cuando se les pregunta por qué el agua es capaz de recordar a la sustancia que ellos mencionan, y no las partículas fecales con las que ha entrado en contacto, o los rayos cósmicos que la han alcanzado, o las sustancias indeseables que ha tenido disueltas a lo largo de sus millones de años de antiguedad, responden diciendo que esto es irrelevante.


Volvamos a lo importante. Los homeópatas, al fabricar un medicamento, parten de algo que llaman tintura madre. Esta tintura madre es una disolución (es decir, una mezcla homogénea con un disolvente, que suele ser agua y etanol, y el soluto, que es la sustancia que ellos estiman oportuna). El primer paso es tomar una cantidad de esa tintura, y diluirla en otra cantidad de disolvente 99 veces mayor. A esto lo llamamos dilución centesimal hahnemanniana. Se expresa como C, o CH. Tras mezclar, hay que darle una sacudida mágica (hay que agitar el bote un determinado número de veces, establecido de forma arbitraria, tras lo cual "la esencia de la sustancia original" ha sido transferida mágicamente al agua). A esto lo llaman sucusión, en un intento desesperado por utilizar tecnicismos que poco o nada tienen detrás. Tomamos de nuevo una cierta cantidad, y la diluimos en otra cantidad 99 veces mayor de disolvente. Lo que obtenemos se nota por 2C o 2CH, y si partiésemos esta dilución en 10 mil bloques del mismo tamaño, solamente uno provendría de la tintura madre. El problema está en que los homeópatas no suelen hacer dos diluciones, sino un número mayor. Ahora bien, ¿qué pasa si seguimos diluyendo?

Cojo la imagen de Cuentos Cuánticos, ¡con permiso!

Tras tres diluciones (3CH), sólo una parte por millón se corresponde con lo que teníamos en un principio. El resto es agua, agua-alcohol, agua-azúcar, o en definitiva, el disolvente que el homeópata haya estado utilizando. Tras cinco disoluciones, sólo una parte por cada diez mil millones proviene de la tintura madre. Un medicamento homeopático corriente puede estar diluido hasta los 30CH. Esto quiere decir que aproximadamente, una fracción equivalente a 1/1060 de la dilución proviene de la tintura madre. O expresado para aquellos que no estén familiarizados con la notación exponencial:

1 / 1 000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000  000.

Lo cual quiere decir que, de acuerdo con el número de Avogadro, en un recipiente que se pueda llevar cómodamente en la mano no queda, casi con total seguridad, ni una sola molécula que estuviese en la tintura madre. De hecho, a partir de la dilución número 11CH dejó de haber moléculas de la tintura. Estamos comprando agua. Agua dulce, pues uno de los excipientes más usados es el azúcar.

Una pequeña herramienta. Si alguna vez tenéis la ¿suerte? de tener entre manos un brebaje homeopático, podéis calcular vosotros mismos el porcentaje (en volumen) que contiene de cada sustancia con una sencilla fórmula. Si la concentración se expresa en centesimales hahnemannianos, usad la fórmula de la izquierda. Si se expresa en decimales hahnemannianos, la de la derecha:



Un ejemplo. Veamos cuál es la composición de Sedatif, un somnífero homeopático:


Escojamos un ingrediente. Por ejemplo, el Abrus precatorius. Según Wikipedia, también se llama regaliz americano, y es una planta relacionada con la ricina. Si, con la ricina, aquella sustancia que utilizaba Walter, el protagonista de Breaking Bad, como veneno a lo largo de la serie. Sin embargo, podemos leer en la wiki:


Los síntomas son idénticos a los de la ricina, excepto que la abrina es más tóxica en varios órdenes de magnitud, la dosis mortal de ricina es aproximadamente 75 veces mayor que la dosis mortal de abrina. La abrina puede matar con una cantidad en circulación de menos de 3 microgramos.

Tres microgramos son tres millonésimas de gramo, o dicho de otra forma, tres mil millonésimas partes de un kilogramo. No parece algo muy seguro para tomar antes de ir a la cama. Sin embargo, si aplicamos la fórmula anterior para diluciones 6 centesimal hahnemanniano, o 6CH:



Resulta que sólo un 0.0000000001% del medicamento es abrina. Lo más seguro es que podamos contar el número de moléculas provenientes del Abrus precatorius con los dedos de la mano de un manco.

Pero claro, según los homeópatas, el agua tiene memoria. Se agarran a cualquier descubrimiento o hecho científico que pueden para justificarlo. Por ejemplo, argumentan que los clústers de agua, unas pequeñísimas estructuras que se forman a escala microscópica debido a la acción de los enlaces de hidrógeno, tienen que ver con la capacidad del agua de memorizar lo que ha llevado disuelta. Como ya se imaginará el lector, nada de eso está probado ni tiene base alguna. Pese a que sabemos muy poco sobre los clústers de agua, no hay motivo alguno para sospechar siquiera que esto tenga algo que ver con la capacidad retentiva de las moléculas de agua.

"Vale, esta vez he diluido el semen treinta veces"

Aún hay más. Resulta que, además de las disoluciones CH (centesimal hahnemanniana), hay más tipos. Están las DH, o decimal hahnemanniana, en las cuales la proporción principio activo/disolvente es 1:9. Esto no es demasiado descabellado, después de lo que hemos visto ya. Después de todo, una dilución 2CH se puede expresar también como 4DH. Pero es que, además, existen las diluciones LM (cincuentamilesimal hahnemanniana). Esto es, diluciones en las que la proporción es de 1:50000. Imaginad al ritmo al que estamos diluyendo una sustancia: sólo en la primera dilución, ya tendríamos una gota de principio activo entre 50 mil de agua.

Aun así, ¿qué es lo peor que podría pasar tomando productos homeopáticos más allá de perder unos cuantos euros? Después de todo, no se ha demostrado que la homeopatía sea más efectiva que un placebo cualquiera. Una pastilla homeopática no deja de ser un producto "farmacológicamente inerte", no es más que la definición de sustancia placebo. El problema está en que hay gente que usa estos productos hasta el punto de dejar de usar medicamentos convencionales (no faltan noticias en la red). Sé que el objetivo de este gobierno no es otro que poder cobrar a los productos homeopáticos los mismos impuestos que a otros medicamentos, pero los que perdemos somos nosotros. La homeopatía no funciona más que una mezcla de azúcar e ignorancia, no tiene efectos sobre el cuerpo más potentes que los que pueda tener una chuche. Si en los hospitales no se trata a enfermos de cáncer con breas y gominolas, ¿por qué deberías hacerlo tú?

Sé que desde este modesto blog no puedo hacer demasiado. Sin embargo, si una persona lee esto y comprende por qué la homeopatía es un timo, me daré por satisfecho. Mientras tanto, y por si la entrada se ha hecho larga (no me extrañaría nada que nueve de cada diez personas dejasen de leer a la mitad), dejo aquí una charla de James Randi explicando de qué va todo esto. ¡Un saludo!


Enlaces interesantes

-Por qué eso del ¡A mí me funciona! no sirve. [enlace]
-Diagrama de flujo: ¿Crees que la homeopatía funciona? [enlace]
-Programa Escépticos: ¿Homeopatía? [enlace]
-What's the harm? Lista de víctimas de la homeopatía (en inglés) [enlace]

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