Las cartas del comerciante holandés.

viernes, 16 de agosto de 2013

En cualquier laboratorio bien equipado hay microscopios que nos permiten ver las partes más minúsculas de la célula más diminuta que podamos encontrar. Se podría pensar que la mente que concibió por primera vez este instrumento fue la de algún reputado óptico, o incluso la de algún inventor aficionado. Sin embargo, en cuanto se profundiza un poco en el tema, se llega a la biografía de un comerciante de telas neerlandés que responde al sonoro nombre de Antoni van Leeuwenhoek.

Antoni van Leeuwenhoek, retratado en su tienda.

Leeuwenhoek nació en 1632, en la holandesa ciudad de Delft. Poco imaginaba este modesto comerciante de telas que llegaría a convertirse en una figura clave de la ciencia moderna. No tenía formación científica, no hablaba inglés (lo que más tarde le supuso una traba) y ni siquiera neerlandés culto, sino neerlandés bajo. Se cuenta que conoció la obra del científico británico Robert Hooke (aunque esto no está del todo claro); Hooke había estado haciendo dibujos de cosas que observaba con su microscopio, como la pulga de la imagen de abajo. Todos estos dibujos y observaciones estaban publicadas en la obra llamada Micrographia, que apasionó a Antoni cuando éste la descubrió. Así, nuestro personaje decidió iniciarse en la microscopía.


Los microscopios compuestos (es decir, que utilizan más de una lente) se inventaron casi cuarenta años antes del nacimiento de van Leeuwenhoek. Sin embargo, presentaban problemas cuando era necesario ampliar un objeto más de veinte o treinta veces su tamaño; al usar varias lentes éste se acababa viendo demasiado distorsionado.

El concepto de célula fue acuñado por Hooke. Al observar una lámina de corcho con uno de sus microscopios, Hooke averiguó que éste estaba compuesto de muchas celdas diminutas. Decidió llamar a estas celdas cells. Un tiempo después, cuando van Leeuwenhoek entró en escena, las células dejaron de ser las pequeñas recámaras del corcho para acabar convirtiéndose en la unidad fundamental de la vida.

Vistas las limitaciones de Hooke, la idea de observar pequeños seres vivientes, mucho más pequeños que los huecos del corcho, parecería imposible en esa época. Con bastante seguridad las motivaciones de van Leeuwenhoek eran otras: si construía un instrumento lo suficientemente potente, podría examinar sus telas en profundidad. Aprendió a soplar y pulir vidrio, y consiguió crear un pequeño microscopio. Estaba formado por una chapa de latón, una pequeña lente casi esférica de vidrio y un sistema para enfocar, como se aprecia en la imagen inferior. Se podía coger con la mano y poner delante del ojo para observar muestras pequeñas de casi cualquier cosa. Además, permitía aumentar más de doscientas veces la muestra sin que sufriese deformaciones importantes. Recordemos que, hasta el momento, lo máximo que se podía ampliar una muestra era 20-30 veces su tamaño original. Fue, en resumen, un gran logro.


Con su nuevo invento, van Leeuwenhoek decidió observar diferentes muestras. El primer descubrimiento importante fue la identificación de los capilares de un animal (una anguila). Los capilares son los pequeños conductos del sistema sanguíneo que conectan las venas con las arterias. No son visibles a simple vista, pues son extremadamente pequeños (alrededor de una centésima de milímetro de diámetro). Aunque habían sido descubiertos por el médico británico William Harvey (famoso por sus investigaciones sobre el aparato sanguíneo), probablemente Van Leeuwenhoek fue la primera persona que consiguió ver la sangre circulando a través de los capilares con sus propios ojos.

También observó pequeños granos de pimienta, pensando que seguramente tendrían muchas afiladas puntas microscópicas que proporcionarían el sabor picante característico a esta especia. Aunque estaba equivocado, descubrió algo mucho más valioso: pequeñas criaturas vivientes, hoy conocidas como protozoos.

Otra de sus fuentes de muestras fue la boca de los habitantes de su propia ciudad. Muchos de estos hombres nunca en su vida se habían preocupado por su limpieza bucal, así que nada más abrir la boca ofrecían un amplio muestrario de seres microscópicos para examinar. Es de esperar que no hacía falta mucho equipamiento para darse cuenta (sólo una nariz en funcionamiento). Van Leeuwenhoek averiguó que había vida allá donde nadie pensaba que pudiera haber, y dijo que "había más seres microscópicos en la suciedad de la dentadura de un hombre que animales en todo un reino".

Más tarde, tomó agua de un lago, y realizó observaciones sobre lo que podía ver con su microscopio. Aquí, una traducción de lo que comunicó en una carta, el 7 de septiembre de 1674 a la Royal Society de Londres, la institución científica más importante del momento:

Examinando este agua al día siguiente, encontré que había flotando en ella partículas terrosas y algunas rayas verdes, enrolladas en espiral como pequeñas serpientes, y dispuestas de forma ordenada; parecidas a los tubos de cobre que usan los destiladores para enfriar sus licores. La circunferencia de cada una de estas rayas era aproximadamente la de un pelo de la cabeza. Prácticamente todo el conjunto consistía en pequeños glóbulos verdes [formados por estas rayas] unidos entre sí.


Ahora sabemos que lo que Leeuwenhoek estaba observando eran pequeñas microalgas del género Spirogyra, como las que se ven en la imagen de abajo.


En un principio, las cartas de este comerciante fueron ignoradas. Llegaban a Londres escritas en bajo neerlandés, y nadie de la Royal Society lo hablaba. Además, se cuenta que van Leeuwenhoek no sabía dibujar mucho mejor de lo que sabía escribir inglés. Por tanto, tuvo que colaborar con artistas de su ciudad, Delft, para producir ilustraciones que los científicos de la Royal Society pudiesen apreciar. Por otro lado, durante los siglos XVII y XVIII, Inglaterra y los Países Bajos estaban en guerra (las llamadas guerras anglo-neerlandesas), y muchos científicos londinenses se negaban a dar crédito a lo que un comerciante sin estudios neerlandés pudiera decir.

Con todo, las cartas de Van Leeuwenhoek se acumulaban en la Royal Society, y al final alguien decidió echarles una ojeada. Una vez se consiguió interpretar cada carta, como era de esperar, surgieron los escépticos. Para ganar credibilidad, van Leeuwenhoek regaló veintiseis de sus microscopios a la institución. Una vez se hubo comprobado que las observaciones de Antoni eran ciertas, éste fue admitido en la academia en 1680. Su curiosidad se mantuvo por muchos años, pues siguió haciendo descubrimientos y comunicándolos a la Royal Society: observaciones de microorganismos que se movían, diversos tejidos de animales, insectos, minerales... y espermatozoides. Quizá merezca la pena decir que pidió disculpas en la carta en la que comunicaba el descubrimiento de espermatozoides. Pero bueno, todo sea por la ciencia.

Este comerciante se dedicaría posteriormente a estudiar numerosos fenómenos solamente observables a escala microscópica. Acuñó el término animáculos (ya en desuso) para referirse a las pequeñas formas vivientes que se movían en el medio acuoso que él observaba. Se oponía a la teoría de la generación espontánea, que afirmaba que ciertas formas de vida (gusanos, larvas, y pequeños insectos cuyo origen nadie podía descubrir) se generaban de la nada. Disecó piojos, encontrando en el interior del cuerpo de las hembras numerosos huevos. Por otro lado, describiría con detalle los glóbulos rojos humanos, así como el sistema circulatorio de la cola de los renacuajos y del ala de los murciélagos. También estudió las hojas de diversas plantas, así como el pelo, plumas, escamas y piel de diferentes especies animales. Fue la primera persona en observar la posición que tomaban las larvas de dos especies de mosquitos, siendo uno de ellos el Anopheles, el causante de contagiar la malaria. Haría numerosos aportes (gracias a su microscopio) a la biología, a la microbiología, a la química, a la medicina, a la parasitología y a varios campos más. No se limitó a las ciencias naturales, por otra parte: realizó la primera estimación de la cantidad máxima de habitantes que pueden convivir en la Tierra. Realizando estimaciones a partir de la densidad de población de los Países Bajos (en el momento, de unos 120 hab./km2, llegó a la conclusión de que la Tierra podría albergar unos 13 mil millones y medio de personas. En la actualidad, somos algo más de 7 mil millones.

En resumen, Antoni van Leeuwenhoek fue, casi con total seguridad, la primera persona en ver con sus ojos vida microscópica. Construyó en vida más de cuatrocientas lentes, y unos doscientos microscopios completos usando una técnica que no reveló a nadie. Actualmente, se conservan nueve microscopios suyos en museos y otras instituciones. Murió en la misma ciudad en la que nació y creció, Delft, a la edad de noventa años, llegando a ser conocido como "el padre de la microbiología". Así es como termina la biografía de éste curioso personaje, muy poco reconocido a pesar de sus valiosas aportaciones a la incesante lucha del hombre por comprender el mundo de lo muy pequeño

A día de hoy aún se lo recuerda al menos una vez cada diez años, cuando la Real Academia Neerlandesa de las Artes y las Ciencias hace entrega de la Medalla Leeuwenhoek a los avances más significativos dentro de la microbiología realizados durante la década anterior.

Como bonus, dejo este vídeo explicativo de la historia de la teoría celular, en la cual intervienen Hooke, Van Leeuwenhoek y más científicos que no han sido mencionados aquí. He encontrado el vídeo en Naukas. Está en inglés, pero creo que se entiende bastante bien.



Fuentes

-Biografía de van Leeuwenhoek de la Universidad de Berkeley [enlace]
-"Las lentes que mostraron a Leeuwenhoek un nuevo mundo" [enlace]
-Página dedicada a van Leeuwenhoek [enlace]
-Biografía sobre Leeuwenhoek en la página Strange Science [enlace]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si hay algún error, o conoces algún hecho que merezca la pena mencionar, ¡hazlo! Deja un comentario :D