Linneo, la mole de ego que revolucionó la biología.

domingo, 25 de agosto de 2013

Normalmente, en los libros de texto, se suele dedicar un espacio considerable a hablar de las ideas y descubrimientos de los científicos. Sin embargo, no se suele dedicar más de una línea o dos (a lo sumo, un recuadro que nadie lee) para dar a conocer al hombre detrás de esas ideas. Así, poca gente sabe que Edwin Hubble era un mentiroso compulsivo (lo cual da para una entrada completa), o que Linneo, el caso que nos ocupa hoy, tenía un ego inmenso.



Carl Linneo nació en Suecia, en 1707. En esa época, las setas eran setas. Unas eran naranjas, otras marrones, algunas podían usarse para hacer sopa, y otras podían matarte, pero eran setas al fin y al cabo. Los botánicos y naturalistas de ese tiempo comenzaron a darse cuenta de que sus sistemas de nomenclatura y ordenación de los seres vivos no eran satisfactorios en absoluto. No podían catalogar adecuadamente las plantas y animales de Europa, así que las especies del Nuevo Mundo, que se descubrían por montones en la época, estaban totalmente fuera del alcance del orden. Quizás no haya mejor forma de ilustrar el desastre que eran los sistemas de catalogación de entonces, que transcribiendo aquí esta cita del científico que nos ocupa:

Respeto los nombres que los antiguos griegos y romanos entregaron a las plantas, pero me estremezco cuando veo los que les dan las autoridades modernas.


Linneo hacía bien en estremecerse. Uno de los nombres formales del tomate era Solanum caule inerme herbaceo, foliis pinnatis incisis, racemis simplicibus. Además, estos nombres (que según Linneo, "apenas podían ser pronunciados en la propia lengua") no eran fijos, pues cualquier botánico podía cambiarlos a su antojo para ajustarlos a su visión de cada especie. No había consenso alguno sobre los nombres, y no había forma de saber si dos naturalistas estaban hablando de la misma especie de hongo, por ejemplo.


Antes de hablar del sistema que lo hizo famoso, debemos hablar un poco de su vida. El padre de Linneo era Nils, un pastor luterano y un aficionado a la jardinería. Cuando éste tuvo que alistarse en la universidad para estudiar teología, decidió imitar a sus tíos. Estos habían escogido el apellido Tilia, en referencia a un árbol de tilo que había en la granja familiar. Nils, en lugar de usar la forma latina Tilia, 
decidió usar la palabra sueca Linnaeus, que más tarde heredaría su hijo Carl. Así, Carl se apellidaba Linnaeus (o Linneo, en su forma latinizada) aunque tiempo después cambiaría su nombre al más aristocrático von Linné. El árbol que inspiró a los tíos del padre de Linneo sigue de pie, por cierto, aunque en malas condiciones. Antes de cumplir los treinta, nuestro protagonista viajó por Laponia y Holanda (donde se hizo médico y publicó unos cuantos libros), para después volver a su Suecia natal y ganarse un hueco en la universidad de Upsala. Una vez ahí, decidió enviar a sus estudiantes a viajar.  Empezó a publicar catálogos llenos de descripciones de animales y plantas, así como sus clasificaciones. La primera edición de ese catálogo, el Systema Naturae, tenía apenas 14 páginas. La última que se publicó antes de su muerte, la duodécima edición, tenía 2300 páginas, en las que se describían 7700 plantas y 4400 animales. En ese momento, comenzó a dedicarse a la nomenclatura de seres vivos, y fue seguramente cuando empezó a darle rienda suelta a su ego. Adoptó el lema Dios creó, Linneo organizó.

Linneo, tras años de observaciones cuidadosas y meditaciones acertadas, creó un sistema para catalogar seres vivientes (ya fuesen plantas o animales), que hoy en día incluye las categorías reino, filo, clase, orden, familia, género y especie. Algunos taxonomistas emplean otras subdivisiones, eso sí.


Para entenderlo, pongamos como ejemplo al ratón doméstico. A cada animal podría asignársele un reino, de forma que todos los seres que no perteneciesen a ese reino no tenían demasiado que ver con él. 
En el caso del ratón, pertenece al reino Animalia, de forma que de entrada sabemos que un ratón no guarda demasiada relación con una planta o una bacteria. También pertenece al filo Chordata (o "cordados"), que proporciona información referente a la biología del animal. La clase sería Mammalia, lo cual nos indica que es un mamífero. Hemos descartado a las aves, a los reptiles, a los anfibios y a los peces. El orden, Rodentia, nos indica que se trata de un roedor. De momento habría muchos animales que aún podrían entrar en esta descripción: hámsteres, cobayas, castores, capibaras, etc. Por tanto, tendríamos que afinar más. Ahora llegamos a la familia, que es Muridae. Aquí englobamos a todos los roedores similares al ratón, como las ratas y los hámsteres. Dejamos así de lado a los castores, a los capibaras, y a los roedores no similares al ratón. Afinemos aún más, y dejemos de lado las ratas: el ratón es de género Mus, lo que nos permite descartar todo lo que no pueda ser reconocido como un ratón. Pero como aún hay varias clases de ratones (de laboratorio, caseros, de campo...), podremos especificar que nos referimos al ratón casero llamándolo Mus musculus, diciendo así que la especie de animal, cordado, mamífero, roedor, y ratón que nos interesa, es la del ratón doméstico.


Para abreviar, los científicos se refieren a cada especie con dos palabras (de ahí el nombre de "sistema binario"). He de agradecer al comentarista anónimo que me aclarase que la especie siempre va en minúscula. En el caso del ratón, se indica su género y su especie, Mus musculus. En el caso de los humanos, es exactamente igual. Indicamos nuestro género, Homo, y nuestra especie, sapiens. Si deseamos referirnos al hombre de neandertal, diremos que se trata de un Homo (indicando así que pertenecemos al mismo género), pero añadiremos al final un neanderthalensis, pues no se trata de la misma especie. Sin embargo, en ocasiones se puede afinar aún más.

El jabalí será Sus scrofa, mientras que el cerdo doméstico será Sus scrofa domestica. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente, que ambos pertenecen a la misma especie, pues el cerdo doméstico no es más que un jabalí domesticado a lo largo del tiempo. Las diferencias anatómicas son escasas. Lo mismo ocurre con el lobo (Canis lupus) y el perro doméstico (Canis lupus familiaris). No es algo exclusivo de los animales. El olivo que usamos para obtener aceite (Olea europaea) no es más que una variedad que hemos obtenido por selección artificial del acebuche (Olea europaea silvestris).

Las bondades del sistema binomial no acaban ahí. ¿Qué pasa si dos especies se mezclan? Por ejemplo, si hacemos que un burro y una yegua tengan descendencia. El resultado es que obtenemos un mulo (o una mula), un animal estéril que no existe como tal en la naturaleza, pues rara vez animales de diferente especie de aparean. Esto se soluciona fusionando los nombres de los progenitores. Dado que el burro se conoce como Equus africanus asinus, y la yegua como Equus ferus caballus, el mulo resultante se conocerá como Equus africanus x ferus. En el caso complementario, si un caballo y una burra crían, el resultado se conocerá como Equus ferus x africanus, más conocido vulgarmente como burdégano.  Se pone el nombre del género, y luego la especie del padre, seguida de un signo "x" para indicar cruce, con la especie de la madre. 

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En resumen, el sistema de Linneo es harto eficaz para catalogar cualquier tipo de ser vivo que encontremos. Sin embargo, en sus inicios tuvo algún que otro fallo. En un principio, Linneo clasificaba a los animales en seis categorías: cuadrúpedos, aves, anfibios, peces, insectos y vermes. Vermes podía ser considerado una categoría comodín, un cajón de sastre (literalmente) donde entraban todas las criaturas difíciles de clasificar. Sin embargo, resultaba obvio que una langosta y una lombriz de tierra tenían poco que ver, con lo que el sistema se reformaría eventualmente. Además, Linneo popularizó dos prácticas que, si bien ya existían desde antes, no estaban muy extendidas. La primera, asociar especies con especímenes tipo. Así, a cada especie le correspondería un ejemplar (un esqueleto, unas hojas bien conservadas...) alrededor del cual se efectuarían observaciones y se establecería la descripción de la especie. Y la segunda, respetar el nombre con el que el descubridor de una especie decidiese bautizarla. No resulta sorprendente que esto haya podido conducir a algún que otro nombre poco descriptivo desde entonces.

Linneo fue, ciertamente, un gran científico. Y no se sentía incómodo en reconocerlo abiertamente. Decía que jamás había existido "un botánico ni un zoólogo más grande" que él. También, que "nunca nadie había escrito más libros, más correcta y metódicamente, a partir de su propia experiencia". Que "nadie había revolucionado una ciencia completamente e iniciado una nueva época". Y la lista continúa.  De su sistema de clasificación, decía que era "el mayor logro en el reino de la ciencia", lo cual es, sin duda, ligeramente pretencioso. También influyeron en su hinchada visión de sí mismo las opiniones de los demás. El intelectual alemán Goethe dijo una vez que "con la excepción de Shakespeare y Spinoza, no conozco a nadie entre los que ya no viven que me haya influenciado más intensamente". La reina de Suecia,  Lovisa Ulrika, dijo que era "un hombre muy perspicaz, incluso aunque no lo parece". El autor sueco August Strindberg dijo que "Linneo era en realidad un poeta que resultó en naturalista".

Por supuesto, Linneo no era todo perfección. Era también un hombre excéntrico. Tenía monos vivos, además de un tejón, en su jardín. El pintor Georg Ehret dijo que, "cuando era un principiante, se atribuía a sí mismo cada nuevo descubrimiento para hacerse famoso". Además, tenía una extraña obsesión con las partes íntimas femeninas. Así, su obra está salpicada con nombres como Vulva, Fornicata y Clitoria. Al clasificar cierta especie de almeja, llamó a las partes de su cuerpo "vulva", "labios", "pubes", "ano" e "himen". Por no mencionar que usaba su posición para evitar que lo difamasen; si alguien decía algo malo de él en público, podía aparecer una especie de hongo o alguna planta maloliente bautizada con el nombre del difamador.

Sin duda la figura de Linneo podría desarrollarse mucho más. Fue un personaje realmente curioso, que contribuyó enormemente al establecimiento de un orden dentro de la biología. No fue el mejor naturalista, ni el que más animales catalogó, pero sí el que tuvo un mayor sentido del orden y de la oportunidad. Después de todo, como él mismo decía...


Si ignoras el nombre de algo, desaparece también lo que sabes sobre ello.



Fuentes

-Biografía de Linneo en Rocky Road, en inglés [enlace]
-Biografía de la Universidad de Berkeley [enlace]
-Biografía en la página Educación Ambiental en la Rep Dominicana [enlace]
-Página sobre Linneo, llena de datos y hechos curiosos [enlace]
-Entrada en Wikipedia sobre Linneo [enlace]
-Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson. ISBN: 9788478713806

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